El duelo no tiene etapas fijas: cómo entender la pérdida y sanar
· Por Orenses.com

Cada 2 de noviembre, los cementerios de Ecuador se llenan desde la madrugada. Detrás de cada tumba limpiada hay alguien que tuvo que aprender a vivir sin esa persona. En 2024, según el INEC, murieron 89.547 personas en el país, principalmente por enfermedad, homicidios y accidentes de tránsito. Cada una dejó atrás a una familia que vive su duelo de manera distinta.
La Secretaría de Salud del Municipio de Quito ha visto un incremento alarmante en consultas por duelo. En 2024 registró 906 atenciones por duelo en sus servicios de psicología y psiquiatría. Al año siguiente, esas cifras subieron a 1.352, y en los nueve meses de 2026 ya suman 1.475, más que cualquiera de los dos años anteriores completos. El dato más preocupante está en los adolescentes: las atenciones a personas de 10 a 19 años pasaron de 178 a 455 en ese periodo, representando casi un tercio del total. Tres de cada cuatro atenciones corresponden a mujeres.
El mito de las cinco etapas
Durante décadas, la idea de que el duelo transcurre en cinco etapas definidas —negación, ira, negociación, depresión y aceptación— se ha repetido como un dogma. Esto ha llevado a que muchas personas sientan que están "haciendo mal" el duelo si no siguen ese camino. La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross describió este modelo en 1969, pero a partir de pacientes terminales, no de personas en duelo.
Una revisión de 2021 firmada por Margaret Stroebe y Henk Schut, investigadores de referencia en el campo, concluyó que el esquema de etapas carece de validez empírica. Convertir ese modelo en regla lleva a quien está en duelo a creer erróneamente que lo está afrontando mal.
Según María Eugenia Yumiceba, psicóloga clínica, tanatóloga y fundadora del centro Lirium, "el duelo necesita comprensión; convertirlo en una lista de etapas puede añadir sufrimiento". En realidad, las emociones se mezclan, reaparecen y cambian de intensidad, como en una montaña rusa por la que se puede transitar en un mismo día. Alguien puede disfrutar un momento en familia y, unas horas después, sentir profundamente la ausencia.
La culpa que paraliza
Una de las emociones más destructivas en el duelo es la culpa. Aparece en casi todos los casos, pero el problema surge cuando se convierte en rumiación: dar vueltas al mismo pensamiento sin llegar a ninguna parte. "Si hubiera llamado antes", "Si hubiera insistido", "Si hubiera elegido otro hospital" son frases que Yumiceba escucha regularmente en consulta.
Un estudio con 690 adultos portugueses, publicado este año en la revista 'Death Studies', confirmó que la culpa agrava el duelo a través de la rumiación y de la evitación. Hay tres señales de que la rumiación pesa demasiado: volver a las mismas preguntas sin encontrar una respuesta nueva, descuidar el descanso o alejarse de los demás.
Para romper este circuito, Yumiceba identifica el pensamiento que se repite y separa los hechos de las suposiciones. Luego revisa con la persona qué sabía en ese momento y qué estaba realmente bajo su control. "Sentirse culpable no demuestra haber causado una muerte", enfatiza. "El objetivo es que recordar deje de convertirse en un castigo permanente".
La mayoría se recupera sin terapia
Una de las conclusiones más sólidas pero menos conocidas del campo es que la mayoría de las personas se recupera sin necesidad de terapia profesional. El psicólogo George Bonanno, de la Universidad de Columbia, siguió a 205 personas del área de Detroit antes y después de la muerte de su cónyuge. El 45,9% mantuvo niveles bajos de malestar. La trayectoria más común fue la resiliencia.
Resiliente no significa que no duela. Esas personas siguen sintiendo añoranza y pensamientos intrusivos, pero siguen funcionando. En Quito, la Secretaría de Salud observa que la mayor parte de quienes consultan atraviesa un duelo adaptativo y necesita escucha, validación y pautas de autocuidado. Solo un porcentaje menor se deriva a psicoterapia.
Sin embargo, el duelo intenso y sostenido también enferma. Un estudio danés publicado en 2025 siguió durante diez años a 1.735 personas que perdieron a un familiar. El 6% mantuvo síntomas altos que no cedieron, y ese grupo tuvo 88% más riesgo de morir por cualquier causa en la década.
Cuándo buscar ayuda profesional
Yumiceba prefiere no hablar de "duelos anormales". "Llamar 'anormal' al dolor puede hacer que la persona se sienta juzgada", advierte. En cambio, identifica tres señales de necesidad de atención especializada.
La primera es el riesgo para la propia seguridad: pensamientos de suicidio, autolesiones o abandono grave del autocuidado. La segunda es el deterioro importante y sostenido de la vida cotidiana, cuando la persona no logra cubrir necesidades básicas ni mantener responsabilidades esenciales. La tercera es un sufrimiento persistente que domina casi toda la vida: añoranza absorbente acompañada de aislamiento, evitación o pérdida de sentido.
En cambio, llorar, conservar recuerdos o sentir tristeza en fechas especiales no significa tener un trastorno.
En caso de crisis, el Ministerio de Salud Pública atiende en la línea 171, opción 6, de lunes a viernes de 08:00 a 20:00 y sábados de 08:00 a 14:00. El Municipio de Quito ofrece teleconsulta gratuita en el 101 o 1800 510 510, opción 9, de lunes a viernes de 07:00 a 19:00. Las atenciones presenciales tienen prioridad para casos de mayor riesgo.
En el sector privado, el centro Lirium cobra entre 40 y 50 dólares la consulta individual y sostiene grupos de apoyo gratuitos.
Lo que importa recordar
El duelo no se supera; se transita y se integra. Cada persona tiene su propio ritmo. Lo que sí sirve es escuchar, abrazar y permanecer en silencio junto a quien sufre. "Hablar solo cuando las palabras sean mejores que el silencio", resume León, acompañante de grupos de duelo.
Este 2 de noviembre, para quien está en duelo, la fecha significa más que tradición. Significa darle un espacio a la ausencia. Puede acompañar y doler al mismo tiempo. Lo importante es que exista libertad para elegir cómo recordar.