Mujeres iraquíes desafían amenazas de muerte para documentar violencia sexual con sus teléfonos

· Por Orenses.com

Mujeres iraquíes desafían amenazas de muerte para documentar violencia sexual con sus teléfonos

En las calles de Bagdad, un acto de resistencia silencioso pero potente está tomando forma: mujeres iraquíes graban videos de acoso y abuso sexual con sus teléfonos, convirtiéndolos en herramientas de denuncia en un país donde la violencia contra las mujeres permanece mayormente impune.

Sarah Jassim, activista de derechos de las mujeres, ha publicado decenas de estos videos en su página de Instagram, documentando casos de exhibicionismo, acoso callejero y abuso. Su mensaje es claro: "Tu cámara es tu arma". Es una forma de registrar pruebas para demandas judiciales y, al menos, avergonzar públicamente a los agresores.

Uno de los videos que Jassim publicó condujo incluso a la detención de un policía acusado de acosar a estudiantes. Sin embargo, esta labor de documentación tiene un costo personal devastador. Jassim ha recibido amenazas de muerte, amenazas de ataques con ácido, y ha sido acusada de incitar a la indecencia pública por alentar a las mujeres a hablar en una sociedad que espera su silencio. Ahora apenas sale de casa por su seguridad.

El contexto de violencia que enfrentan estas activistas es alarmante. En mayo, un comité de la ONU publicó un informe documentando que la violencia contra mujeres y niñas en Irak está "generalizada y no se denuncia lo suficiente". El documento instó a las autoridades a derogar leyes discriminatorias que exoneran a violadores si se casan con sus víctimas y que permiten penas reducidas por asesinatos catalogados como "crímenes de honor".

Jassim enfatiza que es necesario contar con leyes más estrictas que tipifiquen explícitamente como delito el acoso y la violencia de género, términos que actualmente no figuran en el código penal iraquí. "Reconocer el problema es la mejor manera de abordarlo. Necesitamos protección; hay que disuadir a los agresores", afirma.

Las víctimas que han intentado buscar justicia se encuentran con un sistema desafiante. Amal, quien ha estado luchando en los tribunales durante cinco años, acusa a su exmarido de haber violado repetidamente a su hija menor de edad con una pistola. Ella recuerda el terror de su hija, quien fue amenazada con la frase: "Nadie se enterará si te mato". A pesar de contar con documentación médica y pruebas de ADN, Amal enfrentó el sistema sola, sin recursos para pagar abogados, mientras su familia ignoraba la situación. Su exmarido permanece prófugo.

"Luché completamente sola", dice Amal con la voz quebrada, expresando su pérdida total de fe en que la justicia prevalezca.

Muchísimas sobrevivientes no tienen ingresos propios ni lugares seguros donde refugiarse. Irak cuenta con muy pocos refugios para mujeres maltratadas, la mayoría fundados por Yanar Mohammed, una defensora de derechos de las mujeres reconocida internacionalmente. En marzo de este año, Mohammed fue asesinada frente a su casa en Bagdad por hombres armados. Según expertos de la ONU, ella había recibido años de amenazas de muerte y abusos en línea, presuntamente de milicias religiosas extremistas.

Hanaa Edwar, otra destacada activista, vio a Mohammed apenas dos días antes de su asesinato. También ha recibido amenazas y advierte: "En Irak no hay leyes, ni protección, ni justicia para las mujeres".

Mustafa Saadoon, director del Observatorio Iraquí de Derechos Humanos, subraya un problema estructural: "El problema en Irak no es que las mujeres guarden silencio. Es que cuando hablan, el sistema está muy poco preparado para escucharlas. Una mujer que denuncia violencia sexual primero tiene que pasar por su familia, luego por una comisaría, después por un tribunal, y en cada una de esas instancias es probable que alguien le diga que lo resuelva en privado".

Samira, quien ha sufrido acoso sexual repetidamente, relata haber sido perseguida en un automóvil durante más de diez minutos en Bagdad. Cuando se acercó a una patrulla de policía, le dijeron que no tenían autoridad para intervenir. No comparte sus experiencias con su familia por temor a ser confinada en casa. Ha perdido fe en las instituciones: "Muchos hombres, incluidos los policías, no ven nada malo en el acoso sexual".

Autoridades del Ministerio del Interior reconocen casos aislados de acoso por parte de agentes de policía, afirmando que reciben castigos de hasta diez años de prisión y despido. Sin embargo, las activistas reportan que los ataques selectivos contra sus colegas han aumentado en años recientes.

En este contexto de peligro permanente, la cámara del teléfono se ha convertido en el último recurso para mujeres iraquíes que buscan justicia en un sistema que muchas veces las culpa por ser víctimas. Es un acto de resistencia que requiere valentía extraordinaria en un país donde hablar puede costar la vida.