IA: el debate global sobre quién debe frenar la «bestia» tecnológica enfrentó esta semana al Vaticano, Trump, Silicon Valley y las potencias

· Por Orenses.com

IA: el debate global sobre quién debe frenar la «bestia» tecnológica enfrentó esta semana al Vaticano, Trump, Silicon Valley y las potencias

La inteligencia artificial abrió esta semana una batalla sin precedentes sobre sus riesgos, límites y regulación. Desde el Vaticano hasta Washington, pasando por Silicon Valley y Pekín, la inquietud por esta tecnología se instaló casi simultáneamente en los principales centros de poder global.

"Soltamos a la bestia", resumió Maliyka Muhammad, analista neoyorquina de 46 años, en entrevistas realizadas por AFP a personas de ocho países. La frase refleja un sentimiento que atraviesa fronteras, generaciones e ideologías: la preocupación de que el desarrollo acelerado de la IA esté perdiendo control.

Ya no se discute solo qué puede hacer esta tecnología, sino hasta dónde debería permitírsele llegar. Ahí se abre la brecha fundamental del debate: entre quienes piden frenar ante el riesgo de perder el control y quienes creen que hacerlo significaría ceder terreno geopolítico a China.

Esa división también se escucha en las calles. En Roma, la arquitecta Frida Awrohum usa IA en su trabajo, pero admite que "en privado" le sigue dando miedo. En Indonesia, una estudiante se pregunta si algún humano podría responderle tan bien como un chatbot. En Shanghái, un empresario teme que las futuras generaciones enfrenten "verdaderas dificultades" para encontrar empleo. Y en Chile, una joven de 19 años cree que la tecnología "nos está volviendo más tontos". No todos, sin embargo, ven una amenaza. El italiano Diego Sermattei, de 18 años, celebra que la herramienta le resuelva búsquedas al instante, mientras que la japonesa Konno Hazuki, de 29, no se siente amenazada porque, dice, la falta de emociones deja a la IA sin algunas capacidades que una persona puede ofrecer.

El Vaticano pide "desarmar" la IA

En el Vaticano, el papa León XIV advirtió esta semana contra "delegar en algoritmos decisiones que pertenecen únicamente a la conciencia humana" y pidió que las relaciones sociales conserven "una sustancia real y una profundidad personal". No era su primera intervención: en mayo publicó la encíclica "Magnifica Humanitas", en la que reclamaba "desarmar" la inteligencia artificial para evitar que "domine a la humanidad".

Silicon Valley se divide

Desde dentro del propio sector tecnológico, las advertencias se intensificaron el fin de semana. Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, publicó un ensayo pidiendo "un ritmo más lento" para la industria y auditorías independientes obligatorias para los modelos más avanzados. En una coincidencia poco habitual entre rivales, se le sumaron Sam Altman, de OpenAI, y Elon Musk, de xAI.

Altman advirtió sobre dos peligros: perder el "control del futuro" y concentrar demasiado poder en manos de una sola empresa, laboratorio o país. Reclamó un marco legal federal que establezca evaluaciones preventivas de los modelos durante su desarrollo.

No todos los grandes empresarios comparten la receta. Mark Zuckerberg rechazó la idea de frenar el desarrollo, argumentando que cada laboratorio tiene "la responsabilidad y el incentivo" de adoptar medidas de seguridad por sí mismo.

La alarma aumentó con la renuncia de Jacob Coxon, investigador que trabajó en Anthropic y OpenAI, quien aseguró que ambas compañías estaban avanzando hacia sistemas superinteligentes que podrían acabar con la humanidad "antes de que termine la década".

Washington: Trump contra los reguladores

En Estados Unidos, el debate cruzó líneas políticas inusuales. Bernie Sanders anunció que impulsará una ley para "prohibir permanentemente" el desarrollo de superinteligencia artificial, comparándola con armas nucleares. Steve Bannon, antiguo asesor de Trump, defendió romper los vínculos de Estados Unidos con el sector chino de IA.

Frente a esto, Donald Trump eligió el discurso contrario. Calificó de "bulo" la idea de que la IA pueda destruir la humanidad y sostuvo que poner freno al desarrollo beneficiaría a China. Durante una llamada con Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, describió los centros de datos como "el petróleo de los próximos 20 o 25 años".

Su vicepresidente, JD Vance, mostró recelo ante las demandas de regulación, diciendo resultarle "extraño" que sean las propias empresas de IA las que pidan al Gobierno que las regule.

La competencia China-Estados Unidos

Desde Pekín, el diario oficial People's Daily rechazó que la carrera por la IA sea un juego de suma cero. El periódico sostuvo que la IA "no es un monopolio de las grandes potencias" y pidió a Washington y Pekín cooperar en la gestión de riesgos. Al mismo tiempo, acusó a Estados Unidos de aplicar un "doble rasero" al cuestionar la destilación de modelos chinos.

Trump y el presidente chino, Xi Jinping, tienen previsto reunirse la semana próxima en Washington, momento en que la inteligencia artificial se perfila como uno de los temas de conversación bilateral.

Europa y la ONU elevan las exigencias

En Europa, Ursula von der Leyen propuso establecer nuevas barreras de acceso a redes sociales según la edad, dejando fuera a menores de 13 años. Von der Leyen anunció que la Comisión discutirá medidas para evaluar y reducir riesgos de sistemas de IA avanzados, coordinando con socios como Canadá y Reino Unido.

Desde Ginebra, Volker Türk, alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, elevó el tono de advertencias. Planteó que los fallos de sistemas cada vez más autónomos podrían tener consecuencias sobre infraestructuras básicas y alertó que la IA puede debilitar mecanismos para impedir escenarios vinculados con armas de destrucción masiva.

Para Türk, ningún país ni empresa debería decidir por sí solo qué riesgos debe asumir el resto del mundo. Esa reflexión resume buena parte del dilema que atraviesa el debate actual: entre el entusiasmo cotidiano, el temor a perder el control y el pulso entre potencias, la cuestión ya no es si la IA seguirá avanzando, sino qué límites podrán imponerse a su desarrollo.