Pedro Mairal, el escritor argentino que retrata el caos de la juventud: "Se te enloquece la brújula"
· Por Orenses.com

Pedro Mairal, uno de los más destacados escritores de la literatura argentina contemporánea, presenta su última novela "Los nuevos", una obra que explora ese momento crucial en el que tres jóvenes de 19 años —Thiago, Bruno y Pilar— abandonan la seguridad de sus burbujas familiares e ingresan a una etapa de la vida marcada por la incertidumbre y la ruptura.
Nacido en Buenos Aires en 1970 y residente en Montevideo desde hace cinco años, Mairal ha consolidado su carrera con obras reconocidas internacionalmente. A casi 30 años de la publicación de su primer éxito, "Una noche con Sabrina Love" (ganadora del Premio Clarín de Novela), y casi una década después del fenómeno editorial y cinematográfico de "La uruguaya", el autor vuelve a abordar temas que definen la experiencia humana.
"Los nuevos" se estructura como una novela coral donde cada personaje experimenta su propia transición hacia la adultez desde perspectivas distintas. Thiago atraviesa el duelo por la muerte de su madre, Bruno estudia en Wisconsin como forma de escape, y Pilar documenta la vida de la empleada que trabaja en la casa de su abuela. Desde estas narrativas, Mairal teje una crítica profunda sobre la pérdida de la inocencia, las exigencias familiares y la mirada despiadada de los jóvenes hacia el mundo adulto.
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Para Mairal, la primera juventud es un momento vital saturado de posibilidades narrativas. "Es un momento volátil, de pura incertidumbre, en el que se te enloquece la brújula", explica el autor. Decidió no realizar un estudio etnográfico de la juventud contemporánea, sino crear personajes atemporales cuyas experiencias trascienden décadas. "Si hubiera tratado de ser demasiado fiel a un presente específico, el libro habría envejecido muy rápido", señala.
Uno de los pilares conceptuales de la novela es la percepción que tienen los jóvenes de los adultos como seres "falsos". Mairal toma esta idea de Holden Caulfield, el protagonista de "El guardián entre el centeno" de J.D. Salinger. "Para Caulfield, todo en los adultos es falso, una impostación. En la traducción rioplatense sería: careta. Todo el mundo adulto es careta", explica el escritor. Esta falsedad, según Mairal, no es malicia sino necesidad: las máscaras sociales actúan como amortiguador para la convivencia. Sin embargo, los jóvenes aún no tienen estas protecciones y ven las grietas en el sistema que los adultos han construido.
El enojo emerge como un motor central en los protagonistas. Es la edad en que desarrollan una "especie de rayos X en la mirada", capaz de ver más allá de lo que los adultos quieren mostrar. Esa mirada juvenil puede ser devastadora, pero también es pura y cuestionadora.
La relación entre autenticidad y falsedad adquiere dimensiones nuevas en la era digital. "Hay una construcción de la identidad digital en la que se puede simular muy fácilmente la autenticidad sin ser realmente auténtico", observa Mairal. Su literatura busca mostrar "la espalda de lo que mostramos en Instagram", la parte real y a veces incómoda de nuestras vidas.
Los padres de los protagonistas ocupan un lugar peculiar en la novela: aparecen fuera de foco, en segundo plano. Son adultos que aún quieren ser jóvenes, que permanecen en cierto egoísmo hedonista y competitivo. "Están en la seducción, en cierto hedonismo, en una actitud un poco desanclada, donde parecen competir con sus hijos. Incluso parece que les diera un poco de envidia esa juventud que aflora", describe Mairal. Son padres que no terminan de serlo del todo, quizá porque tampoco terminan de ser adultos.
Esta dinámica revela una tensión central: aunque los hijos crecen con aparente libertad, esa misma libertad los abruma a la hora de tomar decisiones. "Es durísimo que no te ayuden a tomar decisiones. Pero a la vez, hay algo ahí de la confianza en el otro", reflexiona Mairal. Es como soltar a los pájaros para que vuelen: necesario pero aterrador.
La distancia entre generaciones es otra obsesión en la novela. Aunque padre e hijo estén cara a cara, la separación parece de 300 kilómetros. "Eso tiene que ver con que el imaginario de esa persona es totalmente distinto al tuyo porque vivió otra infancia, otra época, con otros valores y otra adolescencia", explica. Para acercar esas brechas, Mairal insiste en una sola herramienta: escuchar. "Lo único que podés hacer es escuchar lo que realmente tienen para decir tus hijos y tratar de pensar si tus expectativas con respecto a ellos son algo que realmente les viene bien o si solo es una cosa tuya".
El personaje de Thiago plantea debates contemporáneos sobre salud mental. La adolescencia tardía es vulnerable a la medicalización: lo que podría ser una emoción natural —tristeza, enojo, timidez— se convierte en etiqueta clínica. Thiago es atrapado por la Justicia y la Psiquiatría, instituciones que lo clasifican para así tranquilizar a los adultos que lo rodean. "Cuando vos sos loco, todo el mundo respira aliviado", dice el personaje, porque la locura centraliza la responsabilidad.
Bruno, por su parte, encarna la nostalgia del migrante. Aunque vive en Wisconsin, sigue las redes sociales que muestran barrios bonaerenses que quizá nunca pisó pero que reconoce por su textura. "No te das cuenta de que extrañas de tu país hasta que no te vas", observa Mairal. El castellano, el idioma regional, los chistes, la ironía: todo eso ampara y define. Perderlo es sentirse expulsado del mundo.
Pilar, en cambio, es energía pura y desplazamiento constante. Mairal buscaba un personaje que estuviera siempre fuera de foco, en movimiento. "Cada vez que la quería describir, se me movía para otro lado. Entonces decidí que esa sería una de sus cualidades: estar siempre en movimiento". Ella aporta a la novela polifónica una velocidad y una perspectiva única.
"Los nuevos" es, en última instancia, una radiografía de ese momento en que se rompe el molde familiar y cada persona empieza a elegir su propio camino. Una novela sobre la incertidumbre compartida, la rabia justa de quienes ven el mundo como realmente es, y la dificultad adulta de encontrar un puente entre lo que fuimos y lo que se espera que seamos.