China regula la IA que imita relaciones humanas: entre la protección y el control estatal
· Por Orenses.com

China ha tomado una decisión sin precedentes en el mundo: regular de manera exhaustiva los chatbots de inteligencia artificial diseñados para simular relaciones humanas. El 15 de julio de este año, el gobierno chino introdujo normativas que prohíben o restringen severamente cualquier IA capaz de mantener una "interacción emocional sostenida" con personas, marcando un nuevo frente en la batalla global por controlar cómo la tecnología impacta nuestras vidas.
La medida surge en un contexto donde millones de chinos utilizaban estas herramientas. Según datos de Sensor Tower, existen entre 29 y 70 millones de usuarios activos mensuales de aplicaciones de compañía virtual basadas en IA dentro de China, mientras que globalmente la cifra alcanza 128 millones. Estos servicios permiten crear novios, novias, amigos o familiares virtuales —todos con inteligencia artificial— para quienes buscan compañía emocional.
La nueva regulación refleja preocupaciones genuinas. Las normas prohíben que estos chatbots generen "dependencia emocional ni adicción", que induzcan a decisiones irracionales, o que sugieran autolesiones o suicidio. También obligan a los asistentes a revelar que no son humanos y a enviar notificaciones cada dos horas recordando al usuario cuánto tiempo ha estado conectado. Para menores de 14 años, se requiere consentimiento parental; menores de 18 años tienen prohibido acceder a parejas virtuales o relaciones "íntimas".
Las empresas que incumplan enfrentan multas de 200.000 yuanes (aproximadamente US$30.000) o riesgo de "difusión de críticas" estatal —una forma de humillación pública en China. Una semana antes de que la ley entrara en vigor, gigantes tecnológicos como Alibaba y ByteDance desactivaron funciones complementarias de sus asistentes de IA.
Peró hay un debate más profundo aquí. Zilan Qian, investigador de IA en el Oxford China Policy Lab, señala que cuando el gobierno compartió el borrador a finales del año pasado, "se generó un gran debate en las redes sociales". "Fue la primera vez que vi a la gente preocuparse tanto por una regulación", afirma.
La ambigüedad deliberada de la redacción plantea interrogantes. En teoría, aplicaciones de IA de uso general como ChatGPT o el chino DeepSeek podrían quedar sujetas a estas normas si alguien interactúa con ellas buscando apoyo emocional —algo que muchos usuarios hacen. ¿Es China protegiendo a su población de una tecnología potencialmente manipuladora? ¿O está el Partido Comunista Chino aprovechando esta preocupación legítima para ejercer mayor control sobre cómo los ciudadanos interactúan con la tecnología?
El contexto es revelador. Meses antes, Douyin —la versión china de TikTok— publicó un documental sobre su equipo de prevención del suicidio operativo 24/7, que afirmaba haber intervenido exitosamente en 400 casos de intento de suicidio en solo el primer semestre de 2025. En el documental se veía cómo la plataforma compartía información de usuarios con policía local, ilustrando el nivel de vigilancia y cooperación entre empresas tecnológicas chinas y el gobierno.
Mientras tanto, en septiembre, Donald Trump y Xi Jinping se reunieron en Estados Unidos en medio de advertencias sobre cómo la IA podría conducir a la extinción humana. Según Pekín, acordaron iniciar un nuevo diálogo sobre IA, con conversaciones previstas para finales de noviembre. Pero China parece haber identificado otro riesgo existencial —quizás menos catastrófico, pero igualmente perturbador: el poder de la IA para reemplazar las relaciones humanas auténticas y alterar para siempre cómo interactuamos los unos con los otros.
La regulación china enfrenta el dilema que enfrentarán próximamente otros gobiernos: ¿cómo proteger a las personas de tecnologías potencialmente adictivas sin convertir esa protección en un mecanismo de vigilancia y control? Por ahora, China ha respondido con una mano más firme que la mayoría del mundo.