Cinco facciones de Chone Killers disputaban Durán cuando el Estado creía haber ganado la guerra

· Por Orenses.com

Cinco facciones de Chone Killers disputaban Durán cuando el Estado creía haber ganado la guerra

Los Chone Killers nacieron en los años 90 como una estructura criminal surgida de la fusión entre pandillas barriales de Guayaquil y la influencia de Los Ñetas, organización carcelaria originaria de Puerto Rico. Lo que comenzó como una pandilla territorial se convirtió en una de las estructuras criminales más violentas de Ecuador. Sin embargo, hoy el panorama es sustancialmente diferente: ya no existe una sola organización monolítica, sino múltiples facciones que se disputan el control de Durán, uno de los cantones más golpeados por la violencia en el país.

Esta fragmentación no es accidental. Es el resultado de una cadena de capturas, muertes de líderes clave y presión estatal sostenida que, paradójicamente, ha generado un escenario más complejo y violento que el que existía hace apenas algunos años. Expertos en crimen organizado coinciden en que lejos de desaparecer, la organización se atomizó y multiplicó los focos de violencia.

Del Ñetaísmo a Los Choneros

A inicios de los años 2010, Terry Israel Camacho, alias Trompudo, líder de la facción Los Asesinos en Durán —heredera de la estructura Ñeta—, vio cómo su grupo fue absorbido por Los Choneros, organización que buscaba expandir su dominio territorial hacia los puertos de Guayaquil. La alianza fue mutuamente beneficiosa: Los Choneros ganaron acceso a Durán, un punto estratégico para almacenar y movilizar droga hacia las terminales portuarias; los antiguos Ñetas incrementaron su capacidad operativa y armamentística bajo una nueva identidad: los Chone Killers.

Durante el gobierno de Rafael Correa se implementaron procesos de pacificación entre pandillas que redujeron temporalmente los homicidios. Pero la ausencia de una integración real a la sociedad y la falta de presencia estatal permitieron que estas organizaciones encontraran nuevas formas de generar ingresos ilícitos.

El quiebre y la multiplicación de facciones

En 2020, la confrontación abierta entre Chone Killers y Latin Kings por el control de Durán marcó un punto de inflexión. El asesinato de Jorge Luis Zambrano, alias Rasquiña, líder de Los Choneros ese mismo año, provocó una ruptura estructural que aceleró el proceso de fragmentación. Los Chone Killers inicialmente se aliaron con Los Lobos y Los Tiguerones en una estructura llamada Nueva Generación, pero posteriormente retomaron su vínculo con José Adolfo Macías, alias Fito, hasta su captura en 2025 y posterior extradición a Estados Unidos.

La caída de Antonio Benjamín Camacho, alias Ben 10, en diciembre de 2024; la captura de Julio Alberto Martínez, alias Negro Tulio, en Panamá; y la persecución de otros cabecillas aceleraron aún más las fracturas internas. Según Michelle Maffei, especialista en crimen organizado, hoy ya no puede hablarse de un solo grupo.

"Los Chone Killers se rompieron en cinco facciones. Tres responden al Negro Tulio, actualmente preso, y mantienen alianzas con sectores de Los Lobos y algunos Tiguerones. Las otras dos operan de forma independiente, intentando sostener sus economías criminales dentro de Durán", explica.

En julio de 2026, Estados Unidos designó a los Chone Killers como Organización Terrorista Extranjera y Terrorista Global Especialmente Designada, reconociendo que la organización había ejecutado ataques contra civiles, policías y funcionarios públicos.

El fracaso de la pacificación y el control territorial

La fragmentación también evidencia el fracaso de los procesos de pacificación implementados años atrás. "No hubo una integración real de los antiguos Ñetas ni de los Latin Kings a la sociedad. La ausencia del Estado permitió que estas organizaciones encontraran nuevas formas de generar ingresos", sostiene Maffei.

Un ejemplo concreto es el control del agua potable en Durán. La falta de cobertura estatal ha permitido que grupos criminales dominen el negocio de distribución mediante tanqueros, cobrando pagos mensuales a numerosas familias. Residentes consultados bajo reserva de identidad relatan que las fronteras invisibles impuestas por estas organizaciones han cambiado por completo la vida diaria en el cantón.

La paradoja de la estrategia de decapitación

Diversos estudios internacionales desarrollados en México y Colombia concluyen que la estrategia de "decapitación" —capturar o eliminar líderes criminales— suele producir efectos contraproducentes en el corto plazo. En lugar de desaparecer, las organizaciones se dividen y los nuevos cabecillas inician disputas por el control de territorios, rutas del narcotráfico, extorsiones y mercados ilegales. Ecuador reproduce exactamente ese patrón.

Un oficial con conocimiento directo de la situación en Durán explica que la captura de varios líderes abrió una disputa permanente. "Se abrió prácticamente una plaza muy apetecida por su historia y por ser un importante punto de expendio de microtráfico, además de su cercanía al río Guayas. Después del primer fraccionamiento comenzaron enfrentamientos continuos entre las nuevas subfracciones".

Para la analista en seguridad pública María José Guerra, el fenómeno era previsible: "Cuando desaparece un líder, las estructuras criminales no desaparecen. Se dividen, se adaptan y generan más puntos de conflicto, porque cada subgrupo quiere controlar territorio, rutas y economías ilícitas".

El desafío actual para las autoridades ya no es enfrentar a una sola organización consolidada, sino a múltiples facciones en competencia permanente, cada una buscando consolidar su control en Durán y sus alrededores. Mientras tanto, la ausencia estatal en servicios básicos continúa siendo el caldo de cultivo perfecto para que estas economías criminales prosperen.