La nueva derecha latinoamericana se alinea con Trump ante la ONU mientras expertos advierten sobre violaciones de derechos humanos
· Por Orenses.com

En la Asamblea General de la ONU celebrada esta semana en Nueva York, el presidente estadounidense Donald Trump presentó su política de intervención en América Latina como un logro estratégico, mientras presidentes de una nueva derecha regional lo respaldaban sin reservas, marcando un contraste político significativo respecto a gobiernos anteriores.
Trump mencionó en su discurso del martes ataques militares ordenados contra Venezuela, incluyendo un operativo para arrestar al presidente Nicolás Maduro en enero, y aseguró que Estados Unidos obtuvo control de reservas petroleras venezolanas. "Al vencedor le corresponde el botín", afirmó, justificando sus acciones con la necesidad de proteger intereses estadounidenses en el hemisferio occidental.
"Nuestras acciones en Venezuela son prueba de que EE.UU. ya no permitirá que las amenazas contra América se afiancen en ningún lugar del hemisferio occidental", advirtió. "Y, si es necesario, usaremos nuestro poderío militar sin igual para salvaguardar los intereses nacionales vitales de EE.UU.".
A diferencia de épocas anteriores, cuando gobiernos conservadores rechazaban intervenciones estadounidenses —como en 2017, cuando incluso aliados como Colombia se opusieron a una posible intervención militar en Venezuela—, esta vez la respuesta fue de apoyo explícito. El presidente paraguayo Santiago Peña felicitó a Trump por reunirse más veces con presidentes latinoamericanos que cualquier otro mandatario estadounidense.
Esta alineación se cristalizó en el Escudo de las Américas, una coalición liderada por Washington contra el crimen organizado que ahora agrupa a 15 países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Trinidad y Tobago, y Estados Unidos. Chile se sumó oficialmente esta semana bajo la presidencia del derechista José Antonio Kast.
Keiko Fujimori, presidenta de Perú desde julio, expresó apoyo a la iniciativa. "El crimen organizado no respeta fronteras, por eso estamos muy contentos de unirnos a esta coalición. Aplaudimos su liderazgo y su iniciativa, presidente Trump", afirmó. Trump respondió enfatizando la necesidad de "ser duro" contra el crimen, independientemente de las consideraciones de derechos humanos.
Sin embargo, expertos en derechos humanos cuestionan estas acciones. Un relator especial de la ONU sostuvo en un informe el lunes que los bombardeos estadounidenses contra presuntos narcotraficantes en el Caribe y Pacífico, que han matado más de 220 personas desde el año pasado, "violan el derecho internacional" y "plausiblemente constituyen crímenes de lesa humanidad". Ben Saul, autor del informe, señaló que el Escudo de las Américas "promueve una respuesta altamente centrada en la seguridad sin compromisos explícitos con los derechos humanos y el derecho internacional".
Esta realidad contrasta con el discurso del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, una de las pocas voces de izquierda en la región. Lula advirtió sobre "tentaciones hegemónicas" y enfatizó que "Brasil no cabe en el patio trasero de nadie", criticando la injerencia externa en procesos electorales. Brasil, fuera del Escudo, ha manifestado recelo ante la designación de dos grupos criminales del país como organizaciones terroristas por parte de Washington, temiendo que esto abra la puerta a intervenciones militares estadounidenses.
Trump también mencionó la "riqueza natural enorme" de los países latinoamericanos, pidiendo que los recursos de América "siempre pertenezcan a los pueblos de las Américas". El secretario de Estado Marco Rubio añadió que la coalición permitirá colaborar "con una sola voz" en temas económicos, diplomáticos y tecnológicos. De hecho, el presidente argentino Javier Milei respaldó públicamente la posición de Trump contra la regulación de inteligencia artificial, promoviendo un enfoque desregulatorio alineado con valores "libertarios".
Esta convergencia política entre Trump y la nueva derecha latinoamericana refleja un cambio sustancial en la dinámica regional, donde gobiernos de seguridad dura y orientación derechista ven en Washington un aliado estratégico, aunque especialistas en derechos internacionales advierten sobre los riesgos de esta alianza para la protección de civiles y el Estado de derecho.