Los debates electorales de 2026 en Ecuador protegen candidatos de preguntas incómodas, advierte análisis
· Por Orenses.com

El diseño de los debates presidenciales en Ecuador ha evolucionado hacia un modelo que prioriza el espectáculo sobre la deliberación seria, dejando a los electores sin información suficiente para tomar decisiones informadas en las elecciones de 2026.
Esta conclusión emerge de un análisis crítico que contrasta los debates actuales con el histórico enfrentamiento de 1984 entre León Febres-Cordero y Rodrigo Borja, transmitido por dos horas a través de siete canales y cuatrocientas radios. Aunque aquel debate fue agresivo —con 132 insultos de Febres-Cordero y 95 de Borja— contenía esqueleto argumentativo. Ambos candidatos llegaron a la Presidencia tras ese encuentro electoral.
Cuarenta y dos años después, el panorama ha cambiado drásticamente. Los debates de 2021, 2023 y 2025 reflejaron una degradación progresiva: desde candidatos que recitaban canciones o culpaban su desempeño a un café envenenado, hasta otros que usaban disfraces de húsar o máscaras de Anonymous. Los insultos directos como "majadero" o "rana René" entre candidatos representan la persistencia del ruido sin contenido.
El problema estructural radica en tres decisiones que debilitan la deliberación democrática: primero, en los 45 debates de noviembre de 2025, dos de los cuatro ejes temáticos fueron completamente controlados por los propios candidatos, permitiendo que el examinado ayude a redactar el examen. Segundo, el artículo 202.2 del Código de la Democracia solo obliga debates en cantones con más de cien mil electores. Solo 24 de más de 220 cantones cumplen este requisito, dejando fuera a casi doscientos cantones pequeños donde el clientelismo tiene menos testigos y la prensa local es débil.
Tercero, el calendario electoral extremadamente comprimido convierte los debates en instrumentos poco efectivos. La lista definitiva de candidatos se publica el 9 de noviembre y los debates se extienden hasta el 26, permitiendo que el último careo ocurra apenas 72 horas antes de las elecciones. Esto reduce el tiempo para que los electores procesen la información.
Sin embargo, los debates no son inútiles. Antes del debate de 2023, Daniel Noboa tenía menos del 5% de intención de voto y logró posicionarse como opción viable. Esto demuestra que el instrumento puede alterar la conversación electoral cuando funciona correctamente.
El análisis propone que arreglar el sistema no requiere reforma constitucional, sino decisiones administrativas: revisar el umbral de obligatoriedad en cantones, definir quién formula las preguntas realmente incómodas, establecer mejores calendarios y hacer que evadir preguntas sobre financiamiento o propuestas concretas tenga mayor costo político que generar un meme viral.
Ahora, con 13 millones de electores llamados a marcar papeleta el 29 de noviembre en comicios adelantados 75 días, el sistema que obligó a debatir no ha conseguido explicarles qué están decidiendo realmente.