Candidata a alcaldía de Esmeraldas hace apología de la trampa académica en universidad: «Si no les da cabeza, copien»
· Por Orenses.com

Roberta Zambrano, candidata por ADN para la Alcaldía del cantón Esmeraldas, generó controversia al relatar públicamente sus experiencias como estudiante copiona durante una visita a la Universidad Técnica Luis Vargas Torres, su alma mater, donde participaba en la inauguración de un nuevo gimnasio.
Durante su intervención ante miembros de la comunidad universitaria, Zambrano narró con gestos efusivos cómo intentó copiar en una prueba, describiendo detalladamente la forma en que pretendía pasar un papel a una compañera. La anécdota, dirigida incluso a uno de sus antiguos profesores presentes, fue registrada en video y rápidamente se viralizó en redes sociales.
Más preocupante aún fue el mensaje que, según su propio relato, ha transmitido a sus hijos: «Si a ustedes no les da cabeza, copien, pero aquí tienen que pasar». Esta declaración expone una filosofía de vida que normaliza la trampa como camino al éxito, lo que en el contexto ecuatoriano se conoce como «sabiduría criolla»: la idea de que es válido llegar por cualquier medio, sin importar si el aprendizaje realmente ocurre.
Zambrano, quien hace poco renunció a su cargo de prefecta para presentar su candidatura conforme a la ley, intentó defenderse mediante dos videos posteriores. En el primero, presentó recortes adicionales de su intervención con una voz en off que afirmaba que ella nunca logró concretar la copia y que solo estaba bromeando con su profesor. Sin embargo, esta aclaración no logró cambiar el mensaje central de su discurso original.
En su segunda respuesta, grabada frente a cámara, Zambrano dedicó la mayor parte del tiempo a lanzar críticas contra Rafael Correa y sus seguidores, aparentemente buscando desviar la atención del escándalo hacia la polarización política que caracteriza el debate público ecuatoriano.
Lo que resulta particularmente inquietante es que ni directivos de la Universidad Técnica Luis Vargas Torres ni dirigentes del partido oficialista ADN han sentido la obligación de denunciar públicamente estas declaraciones. Esto refleja un problema estructural en Ecuador: la normalización de la corrupción y la deshonestidad académica como fenómenos casi inevitables de la vida política y profesional.
Casos similares han ocurrido anteriormente sin mayores consecuencias. Jorge Glas, Pedro Delgado y otros candidatos oficialistas han enfrentado acusaciones de deshonestidad académica que rara vez generan repercusiones reales. En un país donde la anomia reina, como en «un aula entre dos períodos de clase», la trampa se ha convertido en parte de una narrativa casi aceptada.
Esta controversia pone sobre la mesa una pregunta fundamental para los electores esmeraldeños: ¿qué mensaje envía que una candidata a la máxima autoridad local celebre públicamente la cultura del atajo? Y más allá, ¿qué significa para la institucionalidad que esta conducta no genere indignación institucionalizada ni respuestas contundentes desde las estructuras que deberían garantizar estándares éticos.
Los orenses y ecuatorianos en general tendrán la palabra final cuando vayan a sufragar.