Las derechas avanzan en Sudamérica, pero no forman un bloque unificado, según expertos

· Por Orenses.com

Las derechas avanzan en Sudamérica, pero no forman un bloque unificado, según expertos

América del Sur experimenta un giro político hacia gobiernos de corte conservador, pero esta tendencia no se traduce en un bloque regional homogéneo ni en una agenda común que trascienda las fronteras nacionales, según análisis de especialistas en relaciones internacionales y política.

Aunque Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador, José Antonio Kast en Chile y otros líderes de derecha ocupan el poder en varios países sudamericanos, sus trayectorias, orígenes políticos y enfoques ideológicos son notablemente distintos. Cintia Quiliconi, politóloga argentina y docente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales sede Ecuador, explica que "hay varios animales en danza", refiriéndose a que mientras algunos de estos líderes son outsiders políticos sin trayectoria previa en partidos tradicionales —como Milei y Noboa—, otros provienen de estructuras políticas establecidas, como Kast o Keiko Fujimori en Perú.

Adrián Bonilla, experto en relaciones internacionales de la Flacso, refuerza esta idea al señalar que América Latina está "fragmentada" y que "las derechas tienen fuertes signos nacionales". Para Bonilla, la derecha chilena no es igual a la colombiana, salvadoreña o paraguaya, aunque compartan ciertos discursos.

Los expertos identifican al menos tres familias políticas dentro de lo que se etiqueta como "derecha": conservadores, liberales y gobiernos centrados en la autoridad y seguridad. Regis Dandoy, politólogo belga y director del Centro de Estudios Europeos de la Universidad San Francisco de Quito, subraya que "ningún presidente es cien por ciento una ideología de derecha", porque cada gobierno combina estos componentes en proporciones diferentes.

Milei representa una derecha enfocada en el libre mercado y reducción del Estado, mientras que Nayib Bukele en El Salvador ejemplifica una derecha cuyo eje central es la seguridad con énfasis autoritario. Kast, en cambio, se posiciona en un extremo mayor al priorizar autoridad, seguridad y migración. Estas diferencias demuestran que el mismo rótulo contiene proyectos políticos radicalmente distintos.

Arturo Moscoso, director de la Escuela de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional del Ecuador, añade una distinción crucial: mientras el liberalismo económico aparece con fuerza en estos gobiernos, el liberalismo político —relacionado con derechos y libertades ciudadanas— no necesariamente los define.

¿Qué une a gobiernos tan distintos? Pablo Ospina, historiador y docente de la Universidad Andina Simón Bolívar, sostiene que al llegar al poder, las derechas forman alianzas porque "los intereses comunes" pesan más que las discrepancias ideológicas. Los puntos de encuentro incluyen una orientación económica de apertura cercana al neoliberalismo y una proximidad con las políticas exteriores dictadas por Estados Unidos.

Sin embargo, esto no se traduce en una integración regional comparable a la que lograron los gobiernos de izquierda durante la "Marea Rosa" hace una década. Quiliconi advierte que existe una confluencia ideológica, pero todavía no una agenda regional profunda y articulada. Por ahora, hablar de un nuevo regionalismo de derecha sería prematuro.

Las condiciones económicas también diferencian este ciclo político. Mientras que la Marea Rosa coincidió con altos precios de commodities que financiaron políticas sociales expansivas, estos gobiernos enfrentan economías complicadas y menor espacio fiscal. Moscoso señala que esto abre la posibilidad de que las políticas implementadas terminen generando rechazo electoral.

El voto que llevó al poder a estas derechas responde también a factores más allá de la ideología: una economía que no se recuperó plenamente de la pandemia, el "voto económico", contextos internacionales y la búsqueda de alternancia tras largos períodos de gobiernos del mismo signo político.

El principal desafío para estas derechas es convertir las promesas de orden y seguridad en políticas sostenibles sin erosionar las instituciones democráticas. Bonilla advierte que el peligro radica en la "confrontación permanente con las instituciones" y sostiene que el combate al crimen organizado requiere fortalecer, no sustituir, las estructuras democráticas.

La fortaleza electoral actual puede convertirse en su prueba de resistencia más difícil: mientras la agenda de seguridad genera apoyo inmediato, las políticas económicas impopulares pueden desgastar ese respaldo. Ospina plantea también que cambios en la política internacional —como un posible giro en la administración estadounidense— podrían alterar el tablero político regional.

Por ahora, la confluencia ideológica de estas derechas sigue siendo incompleta. No existe una agenda regional propuesta, concisa y articulada que unifique sus esfuerzos más allá de vínculos bilaterales o declaraciones compartidas. El futuro político de Sudamérica dependerá de si estas derechas logran superar sus diferencias estructurales o si, por el contrario, la fragmentación actual persiste como rasgo definitorio.