Influencers en política: de las redes sociales a la papeleta electoral en Ecuador

· Por Orenses.com

Influencers en política: de las redes sociales a la papeleta electoral en Ecuador

Las campañas electorales ecuatorianas han trascendido las plazas públicas y los debates tradicionales para instalarse en TikTok, Instagram y otros espacios digitales. En las elecciones seccionales de 2026, varios partidos políticos decidieron capitalizar la influencia digital al incorporar creadores de contenido en sus listas electorales, una estrategia que refleja una transformación profunda en la comunicación política del país.

Entre los casos más visibles figuran la influencer Samia Álava, candidata a la Viceprefectura del Guayas por Acción Democrática Nacional (ADN); el tiktoker Telmo Punina, quien aspira a la Prefectura de Tungurahua por el movimiento Pueblo, Igualdad y Democracia (PID); y Danielita Sumak, creadora de contenido que busca integrar el Concejo Municipal de Pujilí. Sus postulaciones revelan cómo los partidos aprovechan la popularidad en redes para llegar a nuevas audiencias, especialmente a votantes jóvenes.

Según especialistas consultados, esta apuesta no es completamente novedosa. El politólogo Santiago González, de la Universidad de Guayaquil, explica que representa una adaptación de una práctica histórica: hace décadas, los partidos reclutaban presentadores de televisión, artistas y figuras radiales con amplio reconocimiento público. Hoy, los influencers cumplen ese mismo rol en plataformas digitales.

El analista político Andrés Obando coincide en que las organizaciones políticas llevan décadas buscando personas ampliamente reconocidas para integrarlas a sus listas. El objetivo, siempre el mismo: aprovechar la confianza y el reconocimiento de esas figuras para fortalecer la marca del partido y facilitar el respaldo electoral.

La diferencia crucial es que las redes sociales permiten medir con precisión el alcance de estos perfiles y dirigir mensajes hacia segmentos específicos del electorado. TikTok se ha convertido en la plataforma con mayor consumo en Ecuador, lo que explica el interés creciente de los estrategas por captar el voto joven a través de creadores de contenido.

Andrea Endara, politóloga de la Universidad Casa Grande, señala que el principal valor de un influencer es su nivel de conocimiento entre la ciudadanía. Esa visibilidad funciona como una fuerza de arrastre para candidatos menos conocidos dentro de la misma lista, replicando el papel histórico de deportistas o presentadores de televisión.

González sostiene que esta lógica responde a una visión del marketing político, donde el candidato se convierte en un "producto" que debe posicionarse entre los electores. Por esa razón, los influencers suelen ubicarse en el segundo o tercer casillero de las listas, aprovechando su reconocimiento y el sistema de listas cerradas para atraer votos hacia toda la organización política.

Alfredo Espinosa, experto electoral, afirma que el fenómeno también responde a una transformación de la comunicación política. Gran parte de la propaganda circula ahora por redes sociales, donde Instagram y TikTok se han convertido en espacios donde los partidos conectan con votantes mediante formatos breves, emocionales y altamente visuales.

Sin embargo, los especialistas advierten sobre los riesgos. Obando enfatiza que tener cientos de miles de seguidores no garantiza obtener votos: la popularidad digital no siempre se traduce en respaldo en las urnas. Además, muchos creadores de contenido no poseen experiencia en gestión pública, y una mala administración puede afectar tanto su credibilidad como la reputación del partido que los postuló.

Espinosa añade que existe el riesgo de banalizar la política si las candidaturas privilegian la fama sobre las propuestas y el debate de problemas ciudadanos reales. González recuerda que la exposición en redes puede abrir la puerta de una campaña, pero no reemplaza la capacidad para gobernar. El verdadero examen de estos candidatos comenzará cuando las reproducciones den paso a la gestión pública.

Endara sostiene que, en el caso de concejales, los influencers terminarían respondiendo a la línea del partido con margen limitado para impulsar una agenda propia. Espinosa advierte que su incorporación desplaza a militantes y cuadros políticos con trayectoria, sin aportar necesariamente al debate programático ni a la construcción de una agenda para la organización.

El fenómeno plantea interrogantes fundamentales sobre la representación política en la era digital: ¿la visibilidad reemplaza la preparación? ¿La viralidad sustituye la experiencia? Las respuestas determinarán no solo el futuro de estos candidatos influencers, sino también la calidad de la gestión pública en Ecuador durante los próximos años.