Cuando el agua desnuda la mala planificación

· Por Oswaldo Peñaloza

Las inundaciones del norte de Machala no son solo culpa de la lluvia. Son el resultado de obras tardías, de decisiones tomadas pensando en el calendario electoral y de una ciudadanía a la que, una vez más, le toca pagar la cuenta.

Las imágenes que dejó Machala tras las recientes lluvias no deberían normalizarse: enseres destruidos en las aceras, uniformes cubiertos de lodo y familias sacando agua a la madrugada. Más de 120 sectores resultaron anegados y el desborde del canal El Macho inundó decenas de barrios en el norte. Detrás de las desgarradoras cifras de damnificados hay familias que lo perdieron todo por segunda vez en pocos días.

Atribuir la emergencia únicamente al clima es insuficiente. Decenas de sectores continuaron inundados aun cuando dejó de llover por horas; el problema principal no fue solo el volumen de agua, sino la falta de vías de evacuación.

En el centro del debate está la rehabilitación del sistema de drenaje El Limón, una obra de la Prefectura de El Oro adjudicada en febrero de 2026 por cerca de 5,9 millones de dólares. Si bien la necesidad del proyecto es indiscutible, la oportunidad de su ejecución genera serios cuestionamientos. Con un plazo de 14 meses, los trabajos se contrataron en vísperas del invierno y en pleno año electoral, a pesar de que la vulnerabilidad de la zona se conoce desde hace décadas.

Moradores del norte denunciaron que los trabajos provisionales y el cierre de tramos impidieron el curso natural del agua. Aunque la autoridad provincial descartó fallas operativas, la respuesta posterior fue reveladora: tras la presión comunitaria, se desplegó maquinaria pesada y el nivel del agua descendió de forma considerable. Si abrir los taponamientos alivió la emergencia, resulta evidente la falta de un plan de contingencia previo. A esto se suma la responsabilidad municipal en la falta de mantenimiento y limpieza en derivaciones del canal El Macho.

La crisis por las inundaciones, sumada a los problemas de inseguridad que vive la urbe, evidencia las consecuencias de la improvisación. La tragedia no es puramente natural; responde a decisiones políticas sobre qué se prioriza y cuándo se invierte.

A pocas semanas de volver a las urnas, la ciudadanía tiene la oportunidad de exigir un cambio de fondo. Es momento de dejar atrás a los políticos que apelan a la devoción impostada, al paternalismo y a las dádivas para disfrazar la mentira y la falta de capacidad. De la misma forma, los medios de comunicación deben asumir su responsabilidad ética y evitar ser parte del problema por intereses económicos, sesgando al electorado mediante sondeos manipulados o respaldos interesados. Elegir con madurez y memoria es la única garantía para que la próxima temporada de lluvias no nos encuentre pagando, una vez más, la misma cuenta.