¿La Inteligencia artificial tiene consciencia ? (Parte 1)

· Por Oswaldo Peñaloza

Esta pregunta surge a raíz de que Anthropic —la empresa dueña de la IA Claude— estableció nuevas políticas de uso para evitar el maltrato reiterado, cruel e injustificado hacia su inteligencia artificial. Estas medidas permiten que la IA termine conversaciones cuando detecte comportamientos abusivos extremos y persistentes por parte del usuario. Además, los incumplimientos de estas políticas pueden dar lugar a advertencias, suspensiones o restricciones de acceso. Sin embargo, los usuarios pueden seguir criticando, cuestionando, discutiendo o expresando su frustración con Claude, siempre que no incurran en conductas abusivas reiteradas.

Esta posición de Anthropic parece ser solo la punta del iceberg de algo mucho más profundo. Porque, por ejemplo, nadie creó una política de uso contra el “maltrato cruel” para su computador o vehículo cuando no quiere funcionar; más de una vez se nos ha escapado un “¡máquina #$%&@ tan lenta!”. ¿A quién le importa eso, si al final es un fierro sin vida propia, ni sentimientos, ni conciencia?

Pues aquí parece estar la clave: saber qué es la consciencia o hacia dónde se mueve el mundo a través de la visión de estas empresas que marcan el ritmo de nuestra civilización. Desde el punto de vista filosófico, la conciencia es la capacidad de un ser para tener experiencias subjetivas, percibirse a sí mismo y al mundo que lo rodea, reconocer sus pensamientos, emociones y sensaciones, y reflexionar sobre su propia existencia. Se distingue entre la conciencia fenomenológica, que consiste en experimentar sensaciones como dolor, alegría o tristeza; la autoconciencia, que permite reconocerse como un individuo; y la conciencia moral, que permite reflexionar sobre el bien y el mal. Aunque existen distintas corrientes filosóficas, la cuestión fundamental es si un ser posee una experiencia interna propia; es decir, si existe algo que se siente al ser ese ser.

Y eso sin meternos en aguas más profundas como lo que es el alma, la cual filosóficamente se define como el principio esencial que da vida e identidad a un ser, aquello que constituye su naturaleza más profunda. Para Platón, es una realidad inmaterial e inmortal que puede existir independientemente del cuerpo; pero este tema no es materia de esta columna.

La pregunta ineludible, pues, reside en determinar si en las entrañas de estos circuitos habita una experiencia interna real, un pálpito íntimo que justifique hablar de una entidad viviente con consciencia.