Los Maristas: El legado que El Oro perdió

· Por Oswaldo Peñaloza

Hay lugares que no solo te enseñan, te transforman. Para mí, uno de esos fue el colegio Marista, donde estudié mis últimos años. No era cualquier colegio,era una comunidad viva donde la educación trascendía las aulas y se volvía vida, conciencia y fe. Llevar el uniforme era motivo de orgullo, porque lo que se sembraba era mucho más profundo: valores, identidad y propósito. Convertirnos en personas con sentido de vida: quien no vive para servir, no sirve para vivir.

Existía el grupo REMAR —Renovación Marista—, una propuesta pastoral con formación integral y desarrollo de liderazgo con sentido cristiano, que cada año reunía a jóvenes Maristas de todo el país. Allí no solo se crecía en lo espiritual, lo personal y lo comunitario; se aprendía a mirarse por dentro. Sin embargo, el espíritu Marista no se limita a quienes pasaron por esas experiencias. Hoy, más que nunca, ese modo de vivir —con sencillez, empatía y sentido de misión— puede ser asumido por cualquier joven que desee hacer de su vida un camino de servicio, aun desde la vida laica y cotidiana

Hoy el colegio ya no es Marista, es Diocesano. Y aunque eso no resta mérito al trabajo actual, el legado de los Hermanos Maristas sigue latiendo en cientos de exalumnos que caminamos con lo que ellos sembraron en nosotros. Porque educar no es enseñar materias. Es dejar una huella en el espíritu, que perdura aún con los años.

Hermanos como Julian, Mariano, Arcadio y muchos más, no fueron simples maestros: fueron referentes éticos, guías silenciosos, Hermanos de verdad. Su firmeza sin dureza, su amor sin sentimentalismo, moldearon generaciones. A ellos no se les agradece con placas, se les honra con memoria.

En otras partes del Ecuador, los Maristas siguen presentes. ¿Por qué no en El Oro? ¿Qué nos falta como sociedad para reclamar lo que sí vale la pena recuperar? Porque si queremos jóvenes íntegros, necesitamos educadores con corazón, no sólo instituciones de altas pensiones.

Ojalá los Maristas vuelvan. Porque donde estuvieron, dejaron personas mejores. Y eso no lo logra cualquier modelo educativo.