El Niño no es el único culpable: los otros factores que recalientan la costa ecuatoriana
· Por Orenses.com

La costa ecuatoriana soporta temperaturas sofocantes que superan los 35 grados centígrados durante el día y la noche, un panorama que muchos atribuyen únicamente a El Niño. Sin embargo, investigadores de la Escuela Politécnica del Litoral (ESPOL) advierten que el fenómeno climático es solo parte de la historia.
Romel Caiza, investigador del Centro Internacional del Pacífico para la Reducción de Desastres de la ESPOL, explica que se trata de «una combinación de varios factores: los atmosféricos, el oceánico y sobre todo el antropogénico, es decir, la acción del hombre».
La universidad cuenta con estaciones de medición en diferentes puntos de la costa que han registrado un aumento de la temperatura promedio entre 0,2 a 0,4 grados en los últimos 30 años. Aunque estas cifras pueden parecer mínimas, sus efectos son preocupantes, especialmente para grupos vulnerables como adultos mayores, niños y personas con enfermedades crónicas cardiacas.
«El incremento anual puede generar afectaciones porque hay picos de temperaturas extremas, lo que conocemos como olas de calor, y la persistencia de días cálidos», advierte Caiza. «Debemos considerar que estos eventos extremos de calor van a ser cada vez más frecuentes».
Los otros responsables del calor
El Niño actúa alterando los patrones oceánicos: en condiciones normales, los vientos alisios desplazan aguas cálidas hacia Asia y permiten que aguas frías asciendan desde las profundidades. Cuando llega El Niño, ese patrón se invierte, provocando un desplazamiento del calor oceánico hacia la atmósfera que impacta el clima global.
Pero a este fenómeno se suman otros factores locales que intensifican el calor en zonas costeras:
Efecto de isla de calor urbana: Las ciudades registran temperaturas notablemente más altas que las zonas rurales. Según Caiza, en áreas densamente pobladas como Samanes, las temperaturas pueden ser hasta 2 grados más altas que en urbanizaciones rodeadas de árboles y cerros. Este fenómeno es especialmente notorio en las noches, cuando históricamente la costa disfrutaba de temperaturas más amigables.
«El tema de islas de calor urbano está más ligado a la densidad de construcción y cómo la temperatura se mantiene en zonas más cálidas durante la noche», explica el investigador.
Construcción desmedida: La costa ecuatoriana ha privilegiado construcciones poco amigables con el ambiente, eliminando extensiones de árboles y paisaje natural. «Tenemos zonas que se consideran áreas verdes, pero en realidad los parques tienen más infraestructura gris que verde», señala Caiza.
Radiación ultravioleta elevada: En los últimos meses, los niveles de radiación UV en la costa se mantienen en niveles 4 o 5, considerados "muy alto".
¿Qué se puede hacer?
Caiza propone medidas tanto individuales como colectivas. A nivel personal, recomienda evitar la exposición solar en horas pico de radiación UV y hacer deporte en madrugada o atardecer.
Existe evidencia científica de que ciertos materiales de construcción ayudan a disipar el calor: pintar techos de blanco, implementar terrazas verticales o techos verdes, y plantar árboles nativos de la costa.
A nivel gubernamental, las autoridades deberían establecer normas que exijan «materiales permeables en zonas densamente pobladas y aumentar la cobertura de áreas verdes». También es crucial implementar sistemas de alerta temprana para identificar picos de temperaturas extremas e informar a la población en riesgo, como comerciantes ambulantes que trabajan al aire libre.
«Con o sin Niño, el calor seguirá aumentando. Si nos seguimos llenando de construcciones, vamos a tener un mayor incremento del efecto de las islas de calor urbano», concluye Caiza. El desafío es inmediato y requiere acción coordinada entre ciudadanía y gobiernos locales.