Perú elige presidente este domingo en clima de incertidumbre: Fujimori y Sánchez disputan el poder tras una década de inestabilidad

· Por Orenses.com

Perú elige presidente este domingo en clima de incertidumbre: Fujimori y Sánchez disputan el poder tras una década de inestabilidad

Perú acude este domingo a las urnas para elegir a su noveno presidente en una década, en un escenario político marcado por la volatilidad institucional y la fragmentación de fuerzas políticas. La derechista Keiko Fujimori, heredera del fujimorismo, se enfrenta al izquierdista Roberto Sánchez en una segunda vuelta que promete resultados ajustados y decisivos para el futuro del país sudamericano.

Fujimori, quien obtuvo el 17,92% en la primera vuelta, se postula por cuarta ocasión consecutiva a la presidencia. Su persistencia contrasta con su historial de no reconocer resultados electorales adversos: rechazó los triunfos del derechista Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y del izquierdista Pedro Castillo en 2021, acciones que, según analistas, han profundizado la crisis institucional peruana.

Sánchez, con el 12,03% de los votos, fue ministro de Comercio Exterior y Turismo durante el gobierno de Castillo. Logró capitalizarse como heredero político del expresidente tras concentrar votos en tiempo récord, sorprendiendo proyecciones que lo daban rezagado apenas días antes de la primera vuelta.

¿Por qué importa esto para El Oro y Ecuador? Aunque la elección peruana ocurre en un país vecino, su resultado repercute en la estabilidad regional andina. La crisis política peruana ha intensificado fenómenos como el crimen organizado, sicariato y extorsión, que generan presión migratoria y desplazamientos hacia Ecuador. Además, la gobernabilidad peruana impacta en acuerdos comerciales y seguridad fronteriza relevantes para El Oro.

El politólogo Alonso Cárdenas, de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya en Lima, señala que el desconocimiento de resultados electorales «ha sido uno de los principales detonantes del proceso de convulsión e inestabilidad política que el país arrastra en los últimos diez años, con ocho presidentes, un Congreso profundamente desprestigiado y una implosión institucional». Esta situación ha derivado en el auge del crimen organizado y ha deteriorado significativamente la calidad de vida de la población peruana.

Un factor crítico será el voto indeciso, que representa alrededor del 25% del electorado según encuestas del Instituto de Estudios Peruanos. Este segmento puede inclinar la balanza hacia cualquier candidato. En redes sociales, muchos votantes han revitalizado recuerdos sobre la corrupción y violaciones de derechos humanos durante el fujimorismo, lo que podría jugar en contra de Fujimori.

Sin embargo, Fujimori reivindicó el legado de su padre, Alberto Fujimori —quien falleció en 2024 tras 16 años en prisión por crímenes de lesa humanidad—, con el lema «vuelve el orden». Busca evocar la imagen de un líder que estabilizó Perú durante la crisis económica y violencia de Sendero Luminoso en los años 90. No obstante, su apellido es tanto un activo como un lastre político, pues genera divisiones profundas sobre derechos humanos y reformas económicas duras.

Sánchez, nacido en 1969 en Huaral y psicólogo de formación, fue el único ministro que sobrevivió a los cambios de gabinete bajo Castillo. Strategégicamente, anunció su renuncia poco después del fallido golpe de Estado de Castillo en diciembre de 2022 y se abstuvo en la votación de destitución, lo que interpretaron como un distanciamiento calculado. Su moderación, en contraste con la crispación política nacional, le permitió captar votantes urbanos indecisos.

El candidato granjeó apoyo en el sur peruano, donde hay resentimiento hacia los políticos limeños y donde Castillo contaba con fuerte arraigo. Incluso apareció en debates vistiendo el icónico sombrero campesino del expresidente, simbolizando su conexión con el Perú rural y serrano.

Otro factor determinante es la geografía electoral: a Fujimori no le conviene abstencionismo en Lima, su bastión urbano; a Sánchez, le perjudica baja participación en zonas rurales donde es popular. La movilización diferenciada entre ciudades y campo podría ser decisiva.

Más allá del ganador, existe incertidumbre sobre la gobernabilidad. El Congreso peruano, fragmentado y sin mayorías sólidas, se ha convertido en actor clave de inestabilidad. Destituciones presidenciales y enfrentamientos entre poderes sugieren que la estabilidad dependerá menos del resultado electoral y más de la capacidad del futuro presidente de construir alianzas en un Congreso altamente volátil.

Cárdenas advierte que el rechazo histórico a ambos candidatos —antifujimorismo versus rechazo a la gestión «desordenada y corrupta» de Castillo— funciona como una fuerza política en sí misma, lo que amplifica la incertidumbre sobre quién se impondrá cuando los votos indecidos se inclinen finalmente hacia alguno de los dos polos.