China limita su apoyo a Cuba pese a lazos históricos: entre la solidaridad política y los intereses comerciales
· Por Orenses.com

Pese a décadas de relaciones estrechas, China ha actuado con cautela ante la profunda crisis económica y energética que enfrenta Cuba. Aunque el líder chino Xi Jinping ha descrito en varias ocasiones la relación bilateral como entre "buenos hermanos", el gigante asiático no ha intensificado su respaldo al nivel que muchos esperarían.
China ha sido durante años un socio comercial clave para la isla caribeña, permitiéndole reestructurar deudas en momentos de dificultad. Sin embargo, expertos consultados por medios internacionales coinciden en que la solidaridad china, aunque significativa, sigue siendo limitada.
"Durante mucho tiempo vimos una relación basada en la idea de ayudar a Cuba desde un lente principalmente político e ideológico. Y eso continúa hoy", afirma Margaret Meyers, directora del Programa Asia y América Latina del Inter-American Dialogue, con sede en Washington.
En medio de la crisis actual, agudizada por amenazas de sanciones estadounidenses al envío de petróleo hacia la isla desde finales de enero, China ha enviado distintas donaciones: cerca de 60 mil toneladas de arroz y 80 millones de dólares para equipamiento eléctrico e infraestructura energética. También ha invertido en energías renovables, particularmente paneles fotovoltaicos que reduzcan la dependencia del escaso petróleo cubano.
De acuerdo con el Centro de Estudio Energéticos Ember, Cuba está llevando a cabo una de las revoluciones solares más rápidas con ayuda de Pekín. Las importaciones de paneles solares fotovoltaicos y baterías desde China hacia Cuba aumentaron más de un 1.800% entre 2020 y 2025.
Sin embargo, académicos como Helen Yafe, de la Universidad de Glasgow, señalan que "China ha sido muy vocal, pero esas son palabras. En términos de acciones concretas, el apoyo ha sido limitado". China ha asumido una posición más contenida que otros aliados como Rusia o Venezuela.
Los límites del pragmatismo chino
Para Pekín, los beneficios del vínculo comercial con Cuba son limitados. La isla está lejos de ser el principal socio comercial de China en América Latina. Su integración económica es sustancialmente mayor con países como Argentina, Brasil o Chile. Las importaciones desde Cuba hacia China —en níquel, zinc y otros productos— disminuyeron cerca de 600 millones de dólares entre 2017 y 2022, aunque La Habana reporta aumento en el intercambio entre 2024 y 2025.
Emily Morris, investigadora senior del Instituto de las Américas de University College London, sostiene que "China no quiere simplemente arrojar dinero a Cuba como si fuera un pozo sin fondo. No quiere asumir el rol de la antigua Unión Soviética. Las relaciones funcionan de acuerdo con criterios y precios de mercado".
Meyers añade que "desde un punto de vista estrictamente comercial, China realmente no tiene demasiado que ganar en Cuba. No ha sido un lugar particularmente rentable". La aproximación de Pekín responde a sus propios intereses económicos: "China hoy tiene menos capital disponible para invertir globalmente y necesita dirigirlo de manera mucho más específica y estratégica".
El factor Estados Unidos
Que Estados Unidos esté en el centro de la crisis cubana es determinante en la ecuación para China. Aunque Pekín ha condenado el embargo estadounidense y el bloqueo petrolero, expertos advierten que está lejos de asumir un rol que implique arriesgar su propia relación con la potencia norteamericana.
La "Doctrina Monroe" renovada de Trump en América Latina, con énfasis en "América para los americanos", busca retroceder influencias extranjeras como la china en la región. Shawn Yuan, editor del servicio chino de la BBC, señala que "China entiende perfectamente lo que eso significa. Pekín no está en una posición para involucrarse profundamente en los asuntos cubanos, definitivamente no en el contexto de la narrativa tan fuerte de Trump respecto a la isla".
La relación China-Cuba refleja así la tensión entre solidaridad ideológica e intereses estratégicos: un aliado histórico que enfrenta crisis, pero que para Pekín representa limitados beneficios económicos en un contexto de creciente presión estadounidense.